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  • A pesar de muchas dificultades que tuvo en su residencia, la Dra. Bolaños cumple  33 años de carrera profesional

La actual Fiscal General del Colegio de Médicos y Cirujanos de Costa Rica recorrió un camino de mucho compromiso para llegar a donde está ahora. Incluso, el inicio de ese camino se puede caracterizar como pesado, pues recibió malos tratos solo por el hecho de ser mujer cuando la especialidad de Ortopedia y Traumatología era una especialidad de hombres.

33 años después de especializarse, la Dra. Cecilia Bolaños Loría, recuerda algunos de esos momentos no tan agradables, pero también cuenta sobre sus pasiones y sus nietos en la siguiente entrevista.

  • ¿Qué es lo que más recuerda de su niñez?

Vivíamos en Barrio México y ahí pasaban muy pocos carros. En los días de verano después de la escuela o en vacaciones jugaba con los niños del barrio en la cancha y disfrutamos mucho. Además, había un potrero cerca que estaba cerrado pero nos metíamos por un agujero de la maya y nos robabamos las anonas.  Fue como si hubiera vivido en el campo porque en los años 60 no había muchos carros en los barrios josefinos.

  • ¿A cuáles actividades dedica su tiempo libre?

Me dedico a muchas cosas, he incursionado en la política, he estado trabajando en las campañas políticas con grupos de la comunidad y me gusta porque conozco a muchas personas y comparto con la gente. Luego, me gusta sembrar, cuidar las matas y estar con mis dos nietos que tienen dos años y los disfruto muchísimo.

  •  ¿Por qué eligió la especialidad de Ortopedia y Traumatología?

En realidad fue por casualidad. Durante el internado me pusieron a rotar en Ortopedia, nunca habían puesto a una mujer y cuando yo  llegué el médico residente que estaba ahí me dijo que cómo se les había ocurrido, que seguro había sido un error y fue a decirle al jefe que revisara la lista y me cambiara. A mí me molestó muchísimo pero mientras hacían el cambio yo tenía que entrar a sala. Desde luego, entré y me decía el residente “si no puede, me avisa” y yo le decía que no se preocupara, porque yo jamás le iba a decir que no podía y eso fue un gran reto.

Cuando salimos de la sala, el jefe le dijo que no había ningún error. Entonces, lo vi como un reto, estudié muchísimo para que este señor no pudiera decir nada. Estudié tanto que me empezó a gustar mucho. Para ese momento en América habían nueve mujeres ortopedistas.

Cuando concursé para la especialidad en realidad no hubo problema de discriminación, sí caras de sorpresa por quienes me hicieron los exámenes, no esperaban que una mujer estuviera ahí y menos una mujer embarazada. Pasé los exámenes y cuando llegue a la residencia el jefe de piso se enojó muchísimo que cómo era posible que me hubieran pasado,  y que las mujeres no estaban anatómicamente hechas para ser cirujanas. Yo le respondí que había entrado porque le había ganado a los hombres y que iba a hacer la especialidad ahí o en cualquier otro hospital.

Ahí empezó mi calvario, el jefe dio la orden a todos los doctores que nadie me hablara, solo un compañero no le hizo caso, los demás me hablaron por aparte para decirme que no era nada personal pero que no podían contradecir al jefe.

Cuando tuve a mi hijo no tome la incapacidad, ni existía la posibilidad. Lo tuve un viernes y el martes fui a trabajar. Pero, por esos días le ordenaron al jefe de residentes que me suspendieran por ausencia injustificada, sin embargo, él no lo hizo.  Yo era la única persona a la que le tomaban la hora de entrada y salida. La situación era muy difícil.

Me molestó mucho lo que pasó con mi hijo entonces decidí hacer una denuncia internacional porque no era posible que pasara todo eso por el simple hecho de ser mujer, cuando estaba cumpliendo todos los requisitos como estudiante y profesional.

Finalmente, me logré cambiar de hospital, al Hospital San Juan de Dios. No fue fácil al inicio tampoco, todos me veían raro, pensando que si yo era “marimacha” como decían,  porque como había escogido una especialidad de hombres pensaban que era porque era lesbiana. Después de los primeros seis meses la situación se calmó.

  • ¿Qué es lo que más le gusta de su vida laboral?

Lo que más me gusta de la ortopedia es que es muy variada, es muy práctica y se ven los resultados muy pronto, pero a la vez tiene mucha base científica y se usa mucho la física para los problemas de traumatología. Lo que me llena mucho de alegría es que fui la primera pero no la última. Ahora como un 50% de la residentes son mujeres.

  • ¿Cómo ha lidiado con las actitudes machistas de colegas y pacientes?

Siempre muy tajante, en algunos momentos cuando me decían “doctorcita” yo les respondía de la misma manera, “doctorcito”.  Responder al “bullying” que me hacían ayudó a que no lo siguieran haciendo. Probablemente algunos no me creían muy simpática, pero eso era lo de menos. Con los pacientes nunca tuve problemas, nunca pusieron peros a que yo los atendiera.

  • ¿En algún momento sintió que no fue tomada en cuenta en algún proyecto o puesto importante por ser mujer?

En mi vida laboral, nunca sentí que no participara en algo por ser mujer. De hecho, llegué a ser la presidenta de la Asociación Costarricense de Ortopedia y Traumatología cuando solo éramos mujeres en Costa Rica

  • ¿Qué le recomendaría a mujeres que notan este comportamiento en su campo laboral?

Yo siempre le digo a las mujeres “no se dejen, ustedes no tienen por qué ser maltratadas ya que la situación sigue, hay colegas muy machistas. Tienen que pelear, demostrar y denunciar si es el caso. No podemos permitir que no nos respeten como seres humanos”.

  • ¿Qué hábitos del día a día le ayudaron a llegar adonde está ahora?

Hay que comprometerse. Mi papá decía que “si usted se compromete a algo, usted lo tiene que cumplir. Si usted ve que a lo mejor no lo puede hacer, mejor no se comprometa”.

Yo creo que ese es el éxito, terminar lo que se empieza.

  • Defina en una palabra esa cualidad que es necesaria para llegar a una posición importante como la suya.

Compromiso.

  • ¿Cuál piensa que es su legado como mujer exitosa para la sociedad costarricense?

Considero que he puesto mi granito de arena en que las mujeres nos empoderemos. Le he insistido mucho a mi hija y mis hijos que todos somos iguales. Todos los seres humanos somos iguales no importa el género, el color de piel, la religión o el nivel educativo…como seres humanos debemos respetarnos.


 

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